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Por qué las compañías de telefonía móvil tienen tantos teléfonos distintos

Seguro que esto que voy a contar te ha pasado más de una vez… Llamar a Orange, o a Movistar… a cualquiera de ellas, preguntar una cuestión aparentemente sencilla, tipo “¿Por qué me siguen cobrando mal?”, “¿Por qué no han dado de baja mi línea el mes pasado, cuando yo ya les envié el burofax, 4 emails, les llamé 5 veces y le recé a la Virgen 8 Avemarías…?”. La pregunta en casi todos los casos suele ser “por qué”. Parece que no hubiéramos superado esa fase de la infancia, no sé alrededor de qué año, en que todos los niños preguntamos sin cesar “por qué, por qué”. La mayor parte de las veces ni nos contestaban.

Pues ahora, igual. No nos contestan. No quieren contestarnos, probablemente porque no saben qué decir. ¿Cómo explicarle al cliente que los encargados de la atención al cliente no tienen ni repajolera idea de por qué pasan las cosas en su compañía? Nosotros sabemos que ellos no tienen ni idea, pero, por alguna razón, los teleoperadores siempre parecen decididos a hacernos a nosotros parecer tontos y que no nos enteramos.

Sí que nos enteramos. Tanto que somos capaces de repetirle incansablemente por enésima vez al décimo teleoperador con el que tenemos que tratar, que su compañía dispone de varios números distintos de desatención al cliente. Además todos muy parecidos: 1486, 1414 ,1416, 470, 123-responda-otra-vez, 5648789, 5457872135564878,… y que nos acaban de decir en el número 74387&$%/&423427$$%& que tenemos que llamar al 470, para pedir que nos pasen, “por favor, si no es mucha molestia y Dios mediante”, con Facturación que resulta ser el 902 212 222, pero al cual no se puede llamar directamente, porque cada vez que llamas, una voz tele-locutada te recuerda que deberías saber que ese número dejó de funcionar el año pasado.

Cuando nos pasan con el número que toque esa vez, y tras 5 minutos en espera con la música de Ricky Martin de fondo (¡Ricky Martin!), la llamada se corta. Vuelves a repetir todo el círculo vicioso. Hay veces que te topas con un teleoperador (o teleoperadora, por abreviar lo voy a llamar TOP) que está de muy mal humor en ese momento, al que se le ha muerto la abuela el fin de semana anterior o que tiene un ataque de amnesia repentino y no se acuerda de que su empresa tiene un departamento de Facturación… con lo cual, no te pasa, te dice que “él no está autorizado” para realizar esa operación, que llames al 123-responda-otra-vez, y que aquí paz, y mañana ¿…guerra?

Cuando vuelves a llamar al 123-responda-otra-vez, sólo para que te digan al de 5 minutos que tienes que llamar de vuelta al 1414, al que justamente acabas de llamar, pero te juran que “desde ahí es de donde segurote van a pasar con Facturación, departamento que, casualmente también podrías haber contactado a través del 1416, o incluso, si eres muy valiente y te atreves, desde el 1421, y sin tener que tragarte otra vez toda la música de Ricky Martin (¡Ricky Martin!), ¡por fin! y tras unos 15 minutos siendo peloteado de un lado a otro de la red por encima de la cual los TOP’s juegan con los clientes en este país, consigues hablar con alguien cuyo tono de voz que se asemeja al de alguien que podría pertenecer al Departamento de Facturación.

Le empiezas a contar tu historia: “Sí, mire Ud: yo contraté con Uds una tarifa que… y ahora resulta que… luego… y entonces…”… Y entonces se corta. La llamada. Y tu respiración. Sientes rabia, impotencia…

Vuelves a llamar. Otra vez… De nuevo topas con un TOP que no quiere pasarte con Facturación porque no tiene ni idea a cuál de los 6 números distintos que tiene la compañía de teléfonos hay que llamar. Pides entonces que te pasen con “Contrataciones”, por probar… y si no funciona, pedirías que te pasaran con la Cafetería, ya que allí es probable que te dieran una repuesta con la misma consistencia que cualquiera de los TOP’s… . Te pasan con otro número, que tú no tienes ni idea cuál es. Te sientes zarandeado como un cochecito sobre estrechos raíles dentro del Túnel de la Bruja. Está oscuro y no ves nada. Sólo sabes que te están llevando de un lado hacia otro, y que en cualquier momento te caerá un escobazo en la cabeza.

Te desplomas en el sofá, tras los 45 minutos que llevas incansable al teléfono. Estás a punto de autoconvencerte de que pagar todos los meses 42 euros que no te corresponden al fin y al cabo, no es tan grave. Peores cosas pasan y peor te despluman con otras tasas. Decides aceptarlo como un impuesto revolucionario más… hasta que, de repente, oyes una vivaracha y descansada voz al otro lado “Departamento de Facturación, ¡dígameee!”. Le intentas explicar toda la historia otra vez, tu voz tiembla, las manos también, no sientes las piernas, le haces el resumen del resumen y te parece que has atravesado una especie de túnel del tiempo. Y todo para que al final te digan: “mire Ud, está pagando eso porque no leyó Ud – sí, Usted - la cláusula en letra de tamaño 6, donde le decíamos que tenía que mandarnos una paloma mensajera de color crema pistacho con un mensaje en una botella, escrito en cirílico. ¿Ve cómo no atiende Ud cuando se lee los contratos?”. Y cuelgas.

Te han derrotado. Los TOP’s te han derrotado. La compañía de telefonía móvil te ha derrotado. El sistema te ha derrotado. Te sientes gilipollas. Has decidido que jamás volverás a hacer esto en tu vida. Que antes de intentar aclarar nada con una compañía de teléfonos, te vas a ir al bosque y te vas a prender fuego, como en una especie de ritual purificador. Que ya no tienes edad ni salud para esto, y que piensas declarar los 42 euros como donativo, y así te los podrás, al menos, deducir de la Renta… Todo tiene su lado positivo. Sólo es cuestión de verlo.

PD: este post va dedicado (con todo mi cariño, aunque parezca que no) a esa empresa llamada ORANGE (aka France Telecom España S.A.). Hacerme perder 1 hora y media de mi vida, pasando por no menos de 14 teleoperadores de 2 continentes distintos y 4 países diferentes, intentando aclarar por qué están facturando lo que no deben… no tiene precio. Para todo lo demás: el 1414.

Leer más: “El número 1414 de Orange es inútil”, 1er resultado en Google para búsqueda “1414″. El SEO de Orange habla por sí mismo.

 

Pasta Hut, lo nuevo de Pizza Hut: ¿realmente una buena idea?

Hace unos días, Pizza Hut anunciaba su rebranding en una nueva marca, que llevaría la pasta por bandera. Lo que hasta ahora era el negocio que nos solucionaba alguna que otra noche con pocas ganas de cocinar, muchos amigos en casa delante de la tele o simplemente ganas de probar algún sabor nuevo, ahora pretende reconvertirse en un adalid de la comida más universal por excelencia en el mundo occidental.

Parece ser que les ha entrado algo de la conciencia planetaria por un mundo más sano y más cuidado, – amén de tener que hacer frente al descenso de sus ventas – y Pizza Hut lo ha interpretado a su manera: ¿qué hay más “sano” que una pizza, y que además permite no engordar (o al menos engorda menos que una pizza de 5 cms de grosor)? Pues la pasta.

El problema (y el quid de la cuestión del marketing) es preguntarse si realmente un negocio así tendría éxito. Lo primero todo es el posicionamiento del producto y el target al que va dirigido, pero…

  • ¿quién necesita que le cocinen pasta y se la lleven a casa por un importante sobreprecio, cuando precisamente si hay algo que no falta en casi ninguna casa es un buen paquete de spaghetti, listos para echar a la cazuela?
  • ¿Hay de verdad una necesidad de cocinar por otros la comida más fácil de cocinar en el mundo?
  • ¿Habrá algún precio capaz de batir el escaso euro que cuesta un paquete de pasta del que pueden comer hasta 6 personas?

¿Alguien soportará acaso la idea de saberse tan inútil que tiene que encargarse pasta a domicilio porque no es capaz de echar ni un triste linguini al agua hirviendo?

El tiempo lo dirá, pero parece que este negocio ha nacido con un fallo de posicionamiento y la competencia ya hecha y bien establecida: ¡¡el propio cliente!!

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Si te portas mal… a la calle. Una compañía de telecomunicaciones estadounidense expulsa a 1000 clientes


Es lo que les ha pasado a un millar de clientes “quejicas” de la compañía Sprint en EEUU. Ésta, harta de tener una masa de clientes que llamaban entre “25 y 50 veces al mes” al Servicio de Atención al Cliente para exponer quejas sobre el funcionamiento del servicio, ha decidido “despedirlos” mediante un mailing masivo, en el que se les conminaba a efectuar el cambio a otra compañía al día siguiente a la notificación a fin de evitar perder el número de teléfono asignado.

Aunque en el pasado otras compañías como AT&T reconocieron haber expulsado a determinados clientes por mala conducta con el Servicio de Atención al Cliente, nunca hasta ahora se había dado el caso de una expulsión masiva.

Hecho esto, la repercusión mediática en EEUU ha sido enorme, y se han levantado voces preguntándose si la compañía no estaría sufriendo de un mal servicio generalizado al cliente, por lo que la expulsión de 1000 no tendría ningún efecto importante sobre sus ratios de satisfacción. Y, en efecto, parece ser que la calidad del servicio de Sprint no estaba siendo entre los mejores, por lo que se interpreta esta carta de expulsión como una “amenaza” hacia el resto de clientes para que dejen de quejarse.

Un curiosa manera de entender el CRM y el Marketing, en efecto. Si bien existen clientes a los que resulta muy costoso mantener en la compañía debido a los problemas constantes que ocasionan por un comportamiento indebido (falta de respeto al tratar con el SAC, o incluso pretensiones exorbitadas), no es menos cierto que la mayoría de los clientes se quejan casi siempre con razón o incluso con mucha razón. Expulsarles a modo de castigo no sirve de nada cuando una compañía está sufriendo de mala gestión de su servicio de manera generalizada. Antes bien, hacer algo así y de manera tan pública podría tener el efecto contrario, al constituir una señal de advertencia a los potenciales nuevos clientes: si tienen problemas de servicio, mejor que no reclamen no vaya a ser que los castiguen de cara a la pared.

Y teniendo en cuenta el poder de la web 2.0, que es capaz de expandir en cuestión de horas cualquier noticia “jugosa” de este estilo, es poco probable que la imagen de cualquier compañía que realice una operación de “limpieza” de esta magnitud no sufra las consecuencias de la publicidad negativa. Recordemos que el cliente tiene un sentimiento “corporativo”, por lo que todos los que estén leyendo la noticia sin conocer en detalle los pormenores del perfil de los expulsados, van a pensar mal en seguida acerca de la compañía afectada. Y eso no es bueno para el negocio de ninguna de las maneras.

Aunque mirado por el otro lado, este error de gestión del CRM pueda beneficiar al mercado por tener la ocasión de eliminar a un competidor ineficiente. Ley de mercado en pleno funcionamiento.

¿Cuál es la estrategia para que estemos todos locos por Apple?

Cuando de estrategias de marketing se trata, el lanzamiento del iPhone (más bien su pre-lanzamiento alargado durante meses) va a constituir todo un ejemplo de libro a seguir.

La pregunta que surge es: ¿qué tiene el Apple de Steve Jobs para que un montón de gente se vuelva literalmente loca como en este vídeo y corra a adquirir todos los gadgets de la marca haciendo colas imposibles? Que Apple no inventa necesariamente cosas absolutamente revolucionarias en cuanto al núcleo de la tecnología, sino que su punto fuerte es que proporciona una experiencia del producto única y diferenciada a sus usuarios.

Apple no vende productos nuevos sino experiencias de uso mejoradas.

Y todo gurú del Marketing diría que esto es exactamente lo que hay que hacer: orientar la empresa totalmente hacia el cliente.

Ya desde los tiempos del Mac, el lema de la marca siempre ha sido el mismo: nosotros somos diferentes y somos mejores (por variedad de razones) que el mayor competidor tradicional de turno. Y es que no es lo mismo jugar elegantemente con la ruedecilla del iPod que con un vulgar MP3 cualquiera, como los había a miles antes del lanzamiento del producto estrella de Apple en 2001. Hasta tal punto esta estrategia le ha funcionado que ahora el cordoncito blanco del iPod se ha convertido en un signo de estatus.

Al igual que ocurre ahora con el iPhone: no es lo mismo hablar por un Nokia con las mismas – o si no incluso mejores tecnología y prestaciones que el aparatito de Apple – que hacerlo con un móvil con pantalla táctil que es mucho más divertido y más “cool” de utilizar.

Apple lo entendió en 1999 con los primeros iBooks: a igualdad de argumentos tecnologicos, el look es lo primero. Y aplicó los mismos preceptos exclusivos del mundo de la moda al de la tecnología. Ahora ha conseguido su recompensa: los usuarios hacen colas kilométricas delante de sus tiendas y se arrancan literalmente de las manos un aparato que no por ser muy bonito, deja de plantear muchos problemas de usabilidad desde el punto, al menos, de los profesionales (compatibilidades con el SO de Microsoft, entre otras).

Y a cuenta de estos incovenientes, ya han aparecido las primeras sátiras por Internet, entre ellas ésta de parte de nada más y nada menos que el New York Times.

El monopolio de Google se asienta

La noticia bombazo de esta semana en lo referente a la publicidad en Internet es que Google acaba de adquirir Double Click por 3.1 mil millones de dólares, casi el doble de lo que pagó por YouTube el año pasado. De esta manera, al dominio absoluto que Google tiene en cuanto a publicidad contextual y de motores de búsqueda, se añade ahora la propiedad de la compañía más fuerte en Internet en cuanto a publicidad gráfica online se refiere.

Esta compra es estratégica sobre todo porque, aparte de hacerse con la teconología propia de este sistema, permite a Google hacerse con una amplia cartera de clientes, publicistas y agencias de publicidad, cuya carencia había sido hasta ahora el principal escollo para Google al querer introducirse de lleno en este área.

Las malas lenguas interpretan esto como el recrudecimiento de la guerra (que va por el camino de hacerse histórica) entre los gigantes norteamericanos Google y Microsoft, dado que ésta última había apostado duro por hacer con Double Click. Parece como si las últimas transacciones de Google (YouTube y ahora Double Click) estuviesen más encaminadas a cortar el suministro de aire a Microsoft y sus futuras vías de expansión y a echarlo del mercado, incluso antes de que Google tenga claro cuál será su modelo de negocio (en el caso de YouTube) que hará rentable el desembolso de tamaña cantidad por su adquisición.

Lo que está claro, al margen de batallitas corporativas, es que cada vez más Internet está en manos de una única organización. ¿Bueno o malo? Esto, que tiene sus ventajas, tales como la simplificación del uso de herramientas online por parte del usuario, al tenerlo todo centralizado en una única cuenta (gmail, adsense, adwords, google calendar, google reader, etc… , por citar sólo algunos de los más utilizados), puede tener también su lado oscuro, como así se ha hecho notar en un documental que corrió como la pólvora por Internet hace dos meses: The Google Masterplan (tiene gracia que ponga el vídeo desde YouTube )

Así que, finalmente:

is Google evil?